Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 4 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Quizá quería Jesús darme a conocer el mundo antes de visitar mi alma por vez primera, a fin de dejarme elegir con más seguridad el camino que debía prometerle seguir.

Mi Primera Comunión será siempre para mí un recuerdo sin nubes. Me parece que no hubiera podido estar mejor preparada. ¿Se acuerda Vuestra Reverencia, Madre mía, del precioso librito que me dio tres meses antes del gran día?” Este gracioso medio me preparó de un modo continuo y rápido. Aunque hacía tiempo que pensaba en mi Primera Comunión, era menester dar a mi alma nuevo impulso y llenarla de flores frescas, como estaba consignado en el precioso manuscrito. Cada día, pues hacía numerosos sacrificios y actos de amor de Dios, que se transformaban en otras flores; tan pronto eran violetas, como rosas, ya acianos, ya margaritas, ya miosotas; en resumen, todas las flores de la naturaleza debían formar en mi corazón la cuna de Jesús.

Tenía también a María, que hacía conmigo las veces de Paulina. Todas las noches permanecía largo rato con ella, ávida de escuchar sus palabras. ¡Qué cosas tan hermosas me decía! Me parece que su corazón, tan grande, tan generoso, pasaba por entero al mío. A semejanza de los antiguos guerreros que enseñaban a sus hijos el manejo de las armas, me enseñaba ella el combate de la vida, excitando mi ardor y mostrándomela gloriosa palma. Hablábame también de las riquezas inmortales, tan fáciles de acumular cada día, y de nuestra infelicidad al pisotearlas, cuando no hay más que inclinarse, por decirlo así, para recibirlas.

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