Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 17 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Finalmente nada logré y quedé completamente resuelta a no volver a imitar nunca a los demás, y comprendí la fábula del asno y del perrito. Yo era el asno que testigo de las caricias prodigadas al perrito, puso sobre la mesa su pesado casco para recibir también su parte de besos. Si no me despidieron a palos como al pobre animal, no por eso dejé de llevar lo que merecía, lo cual me curó para siempre del deseo de que se fijaran en mí.

Y vuelvo a la gran tribulación de mis escrúpulos. A causa de ellos, acabé por enfermar, de modo que tuvieron que sacarme del colegio a los trece años. Para terminar mi educación, me llevaba papá varias veces a la semana, a casa de una respetable señora de la cual recibía excelentes lecciones. Estas clases tenían la doble ventaja de instruirme y de ponerme en contacto con el mundo.

En aquella sala amueblada a la antigua, llena de libros y cuadernos, asistía yo con frecuencia a numerosas visitas. A pesar de que era la madre de mi institutriz la que sostenía de ordinario la conversación, apenas estudiaba yo en aquellos días. Con la nariz sobre el libro, oía cuanto decían, y aun lo que me hubiera valido más no haber oído. Una señora decía que tenía yo hermosos cabellos, otra preguntaba al marcharse quién era aquella jovencita tan linda: y estas palabras, tanto más halagueñas para mí cuanto no las pronunciaban en mi presencia, me dejaban una impresión de placer que me demostraba claramente hasta dónde llegaba mi amor propio.

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