Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 19 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Desde muy pequeña me infundían valor estas palabras. Hoy, a pesar de que los años suelen borrar tantas impresiones de piedad infantil, la figura del bajel hechiza todavía mi alma y la ayuda a soportar el destierro. ¿No dice también la Sabiduría que “la vida es semejante a un navío que hiende las agitadas ondas sin dejar tras de sí la menor huella de su rápido paso?”.

Cuando pienso en estas cosas, mi mirada se pierde en lo infinito, y se me figura que toco ya la ribera eterna. Me parece recibir el abrazo de Jesús... y que la Virgen Santísima sale a mi encuentro con papá, mamá y los cuatro angelitos hermanos y hermanas míos. Creo en fin gozar para siempre de la verdadera y eterna vida de familia.

Mas, antes de llegar a sentarme en el hogar paterno de los cielos, aún me quedaban por sufrir en la tierra muchas separaciones. El año en que fui admitida como hija de María, me arrebató la Virgen a mi querida María," único sostén de mi alma. Desde la partida de Paulina había sido ella mi único oráculo, y la amaba tanto, que no podía vivir sin su dulce compañía.

En cuanto supe su determinación, resolví no volvera complacerme en nada de la tierra; no es posible imaginar lo que lloré entonces. Con todo, por aquel tiempo acostumbraba derramar lágrimas por cualquier cosa, no sólo en las grandes ocasiones, sino también en las más insignificantes.

He aquí algunos ejemplos:

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