Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 6 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Los tres meses de preparación a mi Primera Comunión se deslizaron muy aprisa; presto llegó la hora de entrar en retiro. Pasé aquellos días benditos como pensionista en la Abadía; no creo que fuera de las Comunidades religiosas pueda disfrutarse de alegría semejante a la de aquellos ejercicios. Como el número de niñas suele ser reducido, es más fácil atender a cada una en particular. Con filial agradecimiento declaro que nuestras maestras de la Abadía nos prodigaron en aquella ocasión cuidados realmente maternales. No sé la razón, pero es lo cierto que me daba perfectamente cuenta de ser yo objeto particular de su solicitud. Cada noche venía la primera maestra con su linternita, entreabría sigilosamente las cortinas de mi cama, y depositaba un tierno beso en mi frente. Me demostraba tanto cariño, que agradecida a su bondad le dije una noche: ¡Ay madre!, la quiero a usted tanto, que voy a confiarle un gran secreto. Saqué entonces misteriosamente el librito del Carmen, que tenía escondido debajo de la almohada, y se lo enseñé con los ojos radiantes de alegría. La madre lo abrió cuidadosamente, lo hojeó con atención que me hizo notar que gozaba yo de nuevos privilegios. Efectivamente; muchas veces durante los ejercicios tuve ocasión de apreciar que muy pocas niñas, privadas como yo de madre, estaban rodeadas de tanto cariño como lo estaba yo en aquella edad.

Escuchaba muy atentamente las instrucciones que nos daba el Rev. Señor Domin y las resumía después con esmero. En cuanto a mis pensamientos, no quise apuntar ninguno, diciendo que jamás los olvidaría; y así fue en efecto.

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