Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 4

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

Primera comunión y confirmación

Tramo 9 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Por la tarde leí en nombre de mis compañeras el acto de consagración a la Virgen Santísima. Sin duda me eligieron mis maestras en razón de haberme visto privada desde muy niña de mi madre terrenal. Con toda la vehemencia de mi corazón me consagré a la Virgen María y le rogué que velara por mí. Me pareció que miraba con amor a su florecita y que le sonreía otra vez. Recordaba aquella sonrisa visible que tiempo atrás me había curado y salvado. Bien sabía yo cuánto le debía. ¿Por ventura, aquella misma mañana del 8 de mayo no había venido ella misma a depositar en el cáliz de mi alma a su Jesús, la Flor de los campos y el Lirio de los valles?

En la tarde de aquel hermoso día encaminóse mi padre al Carmen llevando de la mano a su reinecita, y vi a mi Paulina convertida en esposa de Jesús; la vi con su velo blanco, como el mío, y su corona de rosas. Mi alegría fue sin mezcla de amargura, pues pensaba ir a reunirme muy pronto con ella y esperar a su lado el cielo...

No fui insensible a la fiesta de familia preparada en los Buissonnets. El bonito reloj que me regaló mi padrecito me gustó muchísimo, pero mi alegría era tranquila; nada podía turbar la paz íntima de que gozaba. Llegó la noche y terminó aquella hermosa tarde; aun los días más radiantes van seguidos de tinieblas, ¡sólo el día de la primera, de la eterna comunión de la patria celestial no tendrá ocaso!

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