Capítulo 5
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La gracia de Navidad
Tramo 6 de 21
“Vio que había llegado para mí el tiempo de ser amada; hizo alianza conmigo, y llegué a ser suya; extendió sobre mí su manto; me lavó con preciosos perfumes; me atavió con deslumbradores vestidos, dándome collares y perfumes inapreciables. Me alimentó con la harina más pura, con miel y aceite en abundancia. Parecí entonces hermosa a sus ojos, y ha hecho de mí una reina poderosa”
Sí, todo esto hizo conmigo Jesús. Podría examinar cada palabra de este inefable pasaje y demostrar que se realizó en pro de mí; pero las gracias antes mencionadas son ya suficiente prueba de ello. Hablaré, pues, tan sólo del alimento que el Divino Maestro me prodigó “en abundancia”.
Desde hacía mucho tiempo sustentaba yo mi vida espiritual con “la harina más pura” contenida en la Imitación. Era éste el único libro que me producía algún bien, pues mi alma no había descubierto todavía los tesoros ocultos en el Santo Evangelio. Jamás separaba de mí un instante aquel librito, por lo cual se reía mi familia; y con frecuencia mi tía, abriéndolo al acaso, hacíame recitar el primer capítulo que le venía a mano.
Cuando a los catorce años se desarrolló en mila afición a los estudios científicos, juzgó Dios necesario añadir “a la harina más pura, miel y aceite en abundancia”, haciéndomelos gustar en las conferencias del Rev. Sr. Arminjón sobre el final del mundo presente y los misterios de la vida futura. Esta lectura sumergió mi alma en una felicidad que no es de la tierra; presentí yo lo que reserva Dios a los que le aman, y al considerar la desequilibrada proporción que existe entre las eternas recompensas y los insignificantes sacrificios de esta vida, deseaba amar, amar a Jesús con pasión, y darle mil pruebas de ternura mientras podía hacerlo todavía.
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