Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 5

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La gracia de Navidad

Tramo 18 de 21

Letra pequeñaMedianaGrande

Acompañada sólo de mi padre, con el corazón lleno de esperanza, pero conmovidísima a la idea de presentarme en el Obispado, me dirigía Bayeux el 31 de octubre de 1887. Por vez primera en mi vida iba a hacer una visita sin ir acompañada de mis hermanas; y esta visita era nada menos que a un Obispo. Yo, que solamente tomaba parte en las conversaciones para contestar a las preguntas que me hacían, había de explicar y desenvolver las razones que me movían a solicitar mi entrada en el Carmen, de manera que quedase manifiesta la solidez de mi vocación.

¡Cuánto me costó vencer mi timidez! ¡Ah, cuán cierto es que “el amor no encuentra jamás imposibles, porque cree que todo lo puede y que todo le es permitido”. En efecto: sólo el amor de Jesús pudo decidirme a arrastrar aquellas dificultades y todas las que siguieron, pues tuve que comprar mi felicidad a costa de grandes pruebas. Claro es que hoy me parece haberla pagado a muy poco precio, por lo cual estaría dispuesta a soportar penas mil veces más amargas que las pasadas para adquirirla, si aún no la hubiese conseguido.

Cuando llegamos al Obispado, parecía que se habían abierto las cataratas del cielo. El Vicario General, Sr. Révérony, que había fijado por sí mismo la fecha de la visita, mostróse muy amable, aunque algo sorprendido. Al notar las lágrimas que se me agolpaban a mis ojos, me dijo: ¡Ah veo brillar diamantes; cuidado con enseñárselos a Su Excelencia!

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.