Capítulo 7
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La entrada en el Carmelo
Tramo 13 de 14
Y con renovado valor puse manos a la obra. Desde la toma de hábito había recibido ya abundantes luces sobre la perfección religiosa, particularmente respecto al voto de pobreza. Durante mi postulantado, me gustaba tener los objetos de mi uso en buenas condiciones y hallar siempre a mano lo que me era necesario. Jesús sufría esto con paciencia, pues no quiere enseñárselo a las almas todo a la vez; ordinariamente las va iluminando poco a poco.
Al comienzo de mi vida espiritual, a los trece o catorce años, me preguntaba qué adelantos podría hacer más tarde, pues creía entonces que era imposible comprender mejor la perfección; pero pronto eché de ver que cuanto más se avanza en este camino, más distante se cree uno del término. Ahora me resignó a verme siempre imperfecta; y aun encuentro mi alegría et ello.
Vuelvo a las lecciones que me dio Nuestro Señor. Cierta noche, después de Completas, busqué en vano mi lámpara en los anaqueles destinados a colocarlas; era la hora del gran silencio y me era imposible reclamarla. Supuse con razón que alguna hermana creyendo tomar su linterna" se había llevado la mía. Mas por culpa de esa equivocación, ¿iba a pasar yo una hora entera en tinieblas? Cabalmente tenía intención de trabajar mucho aquella noche. Sin la luz interior de la gracia, seguramente me hubiera quejado; con ella, en vez de sentir pena, estuve dichosa, pensando que la pobreza consiste, no solamente en verse privada de las cosas agradables, sino también de las indispensables. Así, en las tinieblas exteriores se iluminó mi alma con claridad divina.
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