Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 7

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La entrada en el Carmelo

Tramo 8 de 14

Letra pequeñaMedianaGrande

Este fiel servidor merecía una recompensa digna de sus virtudes; y él mismo la pidió al Señor. ¡Oh Madre mía!, bien recordará Vuestra Reverencia el día que nos dijo en el locutorio: Hijas mías, vengo de Alenzón, en cuya iglesia de Nuestra Señora he recibido tan grandes gracias y consuelos, que he hecho esta oración: ¡Esto es demasiado! ¡Dios mío!, si soy demasiado feliz, noes posible ir al cielo de este modo, quiero sufrir algo por Vos. Y me he ofrecido como... La palabra víctima expiró en sus labios; no se atrevió a pronunciarla delante de nosotros, pero la adivinamos.

Por fin, ¡recordará, Madre mía, todas nuestras amarguras! Aquellos desgarradores recuerdos, no necesito describirlos detalladamente...

Entre tanto, llegó el tiempo de mi toma de hábito. Habiéndose repuesto nuestro buen padre, contra toda esperanza, de un segundo ataque, fijó su Excelencia Ilma., la ceremonia para el 10 de enero. ¡Muy larga había sido la espera, pero qué hermosa fue también la fiesta! Nada faltaba, ni siquiera la nieve.

¿Le he hablado, Madre mía, de mi predilección por la nieve? Desde muy niñita me embelesaba su blancura. ¿De qué provenía esta afición a la nieve? Quizá de que siendo una florecita de invierno, aquel nítido manto fue el primer adorno con que mis ojos infantiles vieron engalanada la tierra. Deseaba, pues, que la naturaleza vistiera como yo de blanco el día de mi toma de hábito; pero perdí toda esperanza de que así fuera, pues la temperatura era tan templada la víspera, que podía creerse uno en primavera. El día 10 amaneció lo mismo; renuncié, pues, a aquel irrealizable deseo infantil y salí del convento.

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