Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 7

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La entrada en el Carmelo

Tramo 5 de 14

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Nuestra Maestra era de veras una santa, el tipo acabado de las primeras carmelitas; yo no me apartaba de su lado ni un momento, pues me enseñaba a trabajar. No tengo palabras para expresar la gran bondad que usó siempre conmigo; la amaba, la apreciaba, y sin embargo no se desahogaba con ella mi alma. No sabía cómo explicar lo que sentía en mi interior; faltábanme palabras para expresarme, por esto la dirección espiritual constituía para mí un suplicio, un verdadero martirio.

Una de nuestras antiguas religiosas pareció comprender un día el estado de mi alma, por lo que me dijo en la recreación:

Hijita mía, me parece que Vuestra Caridad no debe tener gran cosa que decir a sus superiores.

¿Por qué piensa esto, Madre mía?

Porque su alma es en extremo sencilla; pero cuanto más se acerca uno a Dios, tanto más se simplifica.

Tenía razón la buena Madre; a pesar de esto, la gran dificultad que experimentaba en descubrirme a mis superiores, aunque provenía de mi sencillez, no dejaba de ser para mí verdadera tribulación. Al presente, sin haber perdido aquella sencillez, expreso mis sentimientos con mucha facilidad.

Dije que fue Jesús mi director. Apenas el Reverendo P. Pichón comenzó a cuidarse de mi alma, le mandaron sus superiores al Canadá. Reducía entonces a recibir solamente una carta de él al año, la florecita trasplantada en el Monte Carmelo volvióse al punto al Director de los directores, y se abrió a la sombra de la Cruz con el rocío de sus lágrimas, y de su divina sangre, al calor del radiante sol de su adorable Faz.

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