Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 8

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La profesión religiosa

Tramo 4 de 19

Letra pequeñaMedianaGrande

Al finalizar aquel hermoso día, deposité sin tristeza ninguna mi corona de rosas a los pies de la Virgen Santísima, según se acostumbra hacer. Estaba convencida de que el tiempo no se llevaría mi felicidad... ¡La Natividad de María! ¡Qué hermosa fiesta para venir a ser esposa de Jesús! La Virgencita recién nacida presentaba su florecilla al Niño Jesús. Todo era pequeño aquel día, excepto las gracias que recibí y la paz y el júbilo que respiraba mi alma al contemplar aquella noche las hermosas estrellas del firmamento, pensando que pronto subiría al cielo para unirme a mi divino Esposo en el seno de la alegría eterna.

El día 24 se celebró la ceremonia de la imposición del velo; esta fiesta fue velada toda ella por las lágrimas. Papá estaba demasiado enfermo para poder venir a bendecir a su reinecita; a última hora; el mismo Mons. Hugonin, que había de presidir, no pudo realizar sus deseos; a causa, en fin, de otras varias circunstancias, todo fue amargura y tristeza... Sin embargo, la paz, siempre la paz se hallaba para mí en el fondo del cáliz. Pero ese día mi Jesús no quiso que yo pudiese contener mi llanto y... mis lágrimas fueron mal interpretadas... En efecto, había yo soportado sin llorar pruebas mucho mayores; pero entonces estaba asistida por una gracia omnipotente, mientras que en aquel día 24, Jesús me dejó abandonada a mis propias fuerzas y mostré cuán pequeñas eran.

Ocho días después de la imposición del velo, se despo- SÓ nuestra prima Juana Guérin, con el doctor La Néele. Cuando al visitarme después, la oí hablar de las atenciones de que procuraba rodear a su marido, sentí mi corazón estremecerse: No se dirá, pensé, que una dama del mundo haga por agradar a su esposo, que es un simple mortal, más que yo por mi amadísimo Jesús.

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