Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 8

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La profesión religiosa

Tramo 1 de 19

Letra pequeñaMedianaGrande

¿He de hablarle, Madre mía, del retiro que precedió a mi profesión? En vez de encontrar consuelo, fue para mi patrimonio, la aridez más absoluta en mi navecilla. ¡Ah, cuán pocas veces le dejan dormir las almas tranquilamente en ella! Está tan cansado este buen Maestro de cargar con todo lo que hay que hacer y de solicitarlas, que se apresura a aprovechar el descanso que le ofrezco. Probablemente no despertará hasta mi entrada en el gran retiro de la eternidad. No me aflige esto, antes al contrario, me da grandísimo contento.

Es verdad que estoy muy lejos de ser santa y esta disposición de mi ánimo es prueba de ello. No debería regocijarme de mi sequedad, sino atribuirla a mi poco fervor y fidelidad; debería andar desolada de que me duerma muy a menudo durante mis oraciones y acciones de gracias. ¡A pesar de ello, no me aflijo! Pienso que los niñitos agradan a sus madres lo mismo durmiendo que despiertos; pienso que los médicos adormecen a sus enfermos para hacerles las operaciones; pienso, en fin, que el “Señor ve nuestra fragilidad y se acuerda de que no somos más que polvo”.

El retiro que precedió a mi profesión fue, pues, lo mismo que los sucesivos, un retiro sumamente árido. Con todo, me eran revelados claramente los medios de agradar a Dios y de practicarla virtud sin darme yo siquiera cuenta de ello. Muchas veces he observado que Jesús no quiere darme provisión de alimento; me sustenta a cada instante con manjar del todo nuevo, que encuentro en mí sin saber cómo está ahí. Creo sencillamente que es el mismo Jesús que obra en mí de un modo misterioso, escondido en lo íntimo de mi pobre corazoncito, y me inspira todo lo que quiere que haga en el momento presente.

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