Capítulo 10
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La caridad fraterna
Tramo 6 de 31
Recuerdo que siendo postulante, sentí a veces tan violentas turbaciones de satisfacerme y endulzar mi corazón con algunas gotas de alegría, que tenía que pasar a toda prisa delante de la celda de Vuestra Reverencia y agarrarme al barandal de la escalera para no volverme atrás. Acudían a mi pensamiento infinidad de permisos que pedirle y mil pretextos para justificar y satisfacer mi natural propensión. ¡Cuánto me alegro ahora de haberme vencido desde el comienzo de mi vida religiosa! Disfruto ya de la recompensa prometida a los que combaten valerosamente, y no siento que me sea necesario negarme los consuelos del corazón, pues mi corazón está afianzado en Dios... Por haberle amado únicamente, ha ido agrandándose poco a poco, hasta el punto de poner en las personas que le son queridas una ternura incomparablemente más profunda que si se hubiesen concentrado en un afecto egoísta e infructuoso.
Acabo de hablarle del primer trabajo que Jesús y Vuestra Reverencia se dignaron ejecutar con el pincelillo, amada Madre mía; pero esto fue solamente como un esbozo del cuadro de mano maestra que le encomendó después a Vuestra Reverencia.
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