Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 16 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

Amadísima Madre: ya que intento cantar con Vuestra Reverencia desde este mundo aquella misericordia infinita, debo participarle aún otro provecho real que, como tantos otros, he sacádo de mi pequeño cargo. Cuando notaba antes en una de mis hermanas algo que me disgustaba y parecía contrario a la Regla, pensaba que si pudiera advertirle y señalarle sus yerros, le haría gran bien. Pero practicando el oficio, he modificado mi parecer. Si hoy me ocurre ver alguna cosa que no va bien, exhalo un suspiro de alivio pensando: ¡Qué felicidad!; no es una novicia, no estoy obligada a reprenderla. Y después procuro excusar a la culpable y atribuirle las buenas intenciones que sin duda la animan.

Los cuidados que me está prodigando Vuestra Reverencia durante mi enfermedad, venerada Madre mía, me han instruido también mucho sobre la caridad. Ningún remedio le parece demasiado costoso; y sino da resultado, sin desanimarse prueba otra cosa. Cuando acudo al recreo, pone Vuestra Reverencia gran atención en resguardarme de la menor corriente de aire. Madre mía, siento que debo ser tan compasiva con las enfermedades espirituales de mis hermanas, como lo es Vuestra Reverencia con mi enfermedad física.

He notado que las religiosas más santas son las más amadas; se busca su conversión y se les hacen favores sin que ellas los pidan; por fin estas almas tan bien templadas para soportar las faltas de atención y de delicadeza, se ven rodeadas del afecto general, pudiéndoseles aplicar estas palabras de nuestro Padre san Juan de la Cruz: “ Todos los bienes recibí cuando por amor propio no los busqué”.

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