Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 2 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

No podría explicarle tanbien esos ruines sentimientos de la naturaleza, Madre mía, si no tuviera experiencia de ellos; me dejaría con gusto mecer con la dulce ilusión de que sólo mi flaqueza los ha experimentado, si Vuestra Reverencia no me hubiera ordenado oír las tentaciones de las novicias. Mucho he aprendido desempeñando este cargo; sobre todo me he visto obligada a practicar lo que enseñaba.

Sí; ahora puedo decir que he recibido la gracia de no estar más apegada a los bienes espirituales y del corazón que a los de la tierra. Si me acontece pensar decir alguna cosa que agrade a mis hermanas, juzgo muy natural que lo tomen para sí como cosa propia; este pensa-miento pertenece al Espíritu Santo, no a mí, puesto que san Pablo asegura “que sin este Espíritu de amor, no podemos dara Dios el nombre de Padre”. Puede, pues, el Espíritu divino valerse de mi pequeñez para dar buenas inspiraciones aun alma; de ninguna manera he de creer que este pensamiento es de mi propiedad exclusiva.

Por otra parte, aunque no desprecio los hermosos pensamientos que unen con Dios, tengo bien entendido hace tiempo que no es prudente apoyarse demasiado en ellos. Las más sublimes inspiraciones no son nada sino van acompañadas de las obras. Es verdad que otras almas pueden aprovecharse mucho de ellas, si demuestran al Señor humilde agradecimiento porque les permite compartir el festín de uno de sus privilegiados; pero, si éste se complace en su riqueza y hace la oración del fariseo, paréceme a una persona que se muere de hambre ante una mesa espléndidamente servida, mientras que todos sus convidados se alimentan abundantemente y miran quizá con envidia al poseedor de tantos tesoros.

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.