Capítulo 10
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La caridad fraterna
Tramo 12 de 31
Transportada de gozo, veía que mis palabras penetraban hasta el fondo de su alma. Esta mañana estoy pensando que tal vez quiere Dios.que le conquiste esta alma. ¿Le parece V. C., que le escriba refiriéndole mi sueño para Pascua, y diciéndole que Jesús la quiere por esposa suya?
Respondile sencillamente que bien podía pedir permiso para ello.
Como la Cuaresma no tocaba asu término, sorprendió a Vuestra Reverencia esta petición tan prematura; por lo cual, visiblemente inspirada por Dios, respondió que las Carmelitas deben salvar almas más con la oración que con cartas. Al saber esta decisión, dije a mi querida hermanita: Pongamos manos a la obra y roguemos mucho. ¡Qué alegría si nuestra oración fuera atendida al terminar la Cuaresma! ¡Oh, infinita misericordia del Señor! ¡Al finalizar la Cuaresma, un alma más se consagra a Jesús! Fue esto un verdadero milagro de la gracia obtenida por el fervor de una humilde novicia.
¡Cuán grande es, pues, el poder de la oración! Diríase que es una reina que tiene siempre libre entrada en el palacio del rey, pudiendo obtener todo lo que pide. Para que la oración sea eficaz, no es preciso leer en un libro alguna hermosa fórmula compuesta para circunstancias determinadas; si así fuera, ¡cuán digna de lástima sería yo!
Fuera del oficio divino, que, aunque muy indigna, tengo la dicha de rezar cada día, no me siento con valor alguno para sujetarme a buscar hermosas oraciones en los libros; esto me da dolor de cabeza... ¡Son tantas!... Además, ¡son a cual más bellas! No pudiendo, pues, rezarlas todas, ni sabiendo cuáles elegir, hago-como los niños que no saben leer; digo sencillamente a Dios lo que quiero decirle, y me comprende siempre.
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