Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 19 de 31

Letra pequeñaMedianaGrande

Revistiéndome entonces de todo mi valor, me levantaba y comenzaba una complicada ceremonia, la de mover y llevar el banco de un modo especial, sobre todo sin precipitarme, terminado lo cual, comenzaba el paseo. Se trataba de seguir a la buena hermana, sosteniéndola por la cintura, lo que hacía yo con la mayor suavidad posible; pero si por desgracia dábamos un paso en falso, se figuraba al punto que la sostenía mal, que iba a caerse. ¡Dios mío! V. C., va demasiado aprisa; voy a estrellarme. Procuraba entonces conducirla más ligeramente. Pero sígame, me decía: no siento su mano; si me suelta, voy a caerme... Bien decía yo que V. C., era demasiado joven para acompañarme.

Sin otro incidente, llegábamos por fin al refectorio. Pero allí sobrevenían otras dificultades; tenía que colocar a mi pobre enferma en su puesto y obrar diestramente para no lastimarla; por último le levantaba las mangas, operación que debía hacerse también siempre de un modo especial. Terminado esto, podía retirarme.

Pronto advertí que cortaba el pan con grandísima dificultad; desde entonces, no la dejaba hasta haberle hecho este último servicio. Como nunca me había expresado este deseo quedó muy agradecida a mi atención, y por este sencillo medio, no buscado por cierto, gané enteramente su confianza, y más que por nada, lo supe más tarde, porque después de prestarle estos pequeños favores, le dirigía, según decía ella, mi más graciosa sonrisa.

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