Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 11 de 16
Señor, no me veo con ánimos de profundizar mi petición por temor de verme agobiada con el peso de mis audaces deseos. Mi única excusa es mi título de niña; los niños no reflexionan el alcance de sus palabras. Sin embargo, si su padre o su madre ocupan un trono y poseen inmensos tesoros, no vacilan en colmar los deseos de estos seres débiles e inocentes, a los cuales aman más que a sí mismos. Por contentarlos cometen locuras; hasta llegar a ser demasiado débiles.
Pues bien, yo soy hija de la santa Iglesia. La Iglesia es reina, puesto que es vuestra esposa, ¡oh divino Rey de los reyes! No son riquezas ni gloria, ni siquiera la gloria del cielo lo que anhela mi corazón. La gloria pertenece por derecho propio a mis hermanos, los Angeles y los Santos. La gloria mía será el reflejo que emanará de la frente de mi Madre. Lo que yo pido es amor. ¡Ya sólo una cosa sé, Jesús mío, amaros! Las obras ostentosas me están vedadas; no puedo predicar el evangelio ni derramar mi sangre... ¡Qué importa! mis hermanos trabajan por mí, y yo, pobre niñita, permanezco junto al trono real: amo por los que combaten.
Pero,. ¿cómo demostraré mi amor ya que el amor se prueba con obras? Pues bien: la niñita echará flores... embalsamará con su fragancia el trono divino, y con voz argentina entonará el cántico del amor.
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