Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 11

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La confianza y el amor

Tramo 4 de 16

Letra pequeñaMedianaGrande

En cuanto a mí, después de haber trazado páginas y páginas, estaría por decir que no he comenzado aún. Hay tantos horizontes distintos y tal cantidad de tonos de infinita variedad, que sólo la paleta del pintor celestial podrá darme, cuando termine la noche de esta vida, los colores divinos capaces de pintar las maravillas que revela a los ojos de mi alma.

Á pesar de todo, querida Hermana mía, puesto que me manifiesta deseos de conocer tan a fondo como sea posible todos los sentimientos de mi corazón; puesto que desea que ponga por escrito el ensueño más consolador de mi vida, y mi doctrinita como la llama, lo haré en las páginas siguientes dirigiéndome a Jesús, porque me permitirá expresar con más facilidad mis pensamientos. Tal vez juzgue exageradas mis palabras; esto no obstante, le aseguro que no hay exageración ninguna en mi corazón; todo es en él calma y reposo.

¡Oh, Jesús! ¿Quién podrá expresar la ternura y suavidad con que conducís mi pequeña alma?

Desde el radiante día de Pascua, fiesta de vuestro triunfo, terrible tempestad rugía en mi corazón; mas entonces, en un dichoso día del mes de mayo, iluminasteis mi sombría noche con un puro rayo de vuestra gracia.

Reflexionando en los sueños que concedéis a veces a vuestros privilegios, decíame que jamás me sería dado ese consuelo, que habría de permanecer siempre sumida en la densa y profunda noche que me envolvía. Y bajo el rugido de la tempestad, me dormí.

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