Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 11

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La confianza y el amor

Tramo 6 de 16

Letra pequeñaMedianaGrande

A estas palabras se iluminó el rostro de la Venerable — Madre con nuevo resplandor, y su expresión me pareció incomparablemente más tierno. Dios no pide de ti nada más, me dijo: está contento, muy contento... Y tomándome la cabeza entre sus manos, me prodigó caricias tales, que me sería imposible expresar su dulzura. Mi corazón nadaba en la alegría; me acordé de mis hermanas, iba a pedir gracias para ellas... pero, ¡ay!, me desperté.

Me sería imposible expresar la alegría de mi alma. A pesar de que han pasado ya muchos meses desde que tuve este inefable sueño, he conservado fresco e intacto el recuerdo de sus celestiales hechizos. Aún veo la mirada y la sonrisa, llenas de amor de la santa carmelita; aún creo sentir las caricias que me prodigó, ¡oh, Jesús! “mandasteis a los vientos y a la tempestad y sobrevino una gran bonanza”.

Al despertar, creía, sentía que hay un Cielo, y que este cielo está poblado de almas que me aman y miran como hija. Esta impresión queda en mi alma, tanto más dulce, cuanto la Venerable Madre Ana de Jesús me había sido hasta entonces, casi me atrevo a decirlo, indiferente; nunca la había invocado, ni me acordaba de ella, sino cuando la oía mencionar, lo cual no era a menudo.

Ahora comprendo cuán lejos estaba yo de serle indiferente, y esta idea acrecienta mi amor, no sólo por ella, sino por todos los bienaventurados habitantes de la patria celestial.

¡Oh, Amadísimo mío! Esta gracia no era más que el preludio de las gracias mayores de que os proponíais colmarme; consentid que os las recuerde hoy, y perdonadme si desvarío al intentar exponer mis casi infinitos deseos y esperanzas... Perdonadme y sanad mi alma dándome lo que espera.

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