Capítulo 11
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
La confianza y el amor
Tramo 13 de 16
Pero, ¿ama mi corazón con amor puro? ¿No son mis inmensos deseos un sueño, una locura? ¡Ah, si así fuera, hacédmelo ver! Vos sabéis, Señor, que busco la verdad. Si mis deseos son temerarios, aniquiladlos, pues constituyen para mí el mayor de los martirios. Mas confieso que si no alcanzo un día las elevadas regiones hacia las cuales aspira mi alma, habré disfrutado más dulzura en mi martirio, en mi locura, de la que disfrutaré en el seno de las alegrías eternas, a menos que, por un milagro, que quitéis el recuerdo de mis esperanzas terrenales. ¡Jesús, Jesús!, si es tan delicioso el deseo del amor, ¿qué no será poseerlo y gozar de él para siempre?
¿Cómo puede aspirar a la plenitud del amor un alma tan imperfecta como la mía? ¿Qué misterio es éste? ¡Oh, único amigo mío! ¿Por qué no reserváis estas inmensas aspiraciones para las almas grandes, para las águilas que se ciernen en las alturas? ¡Ah!, soy un pobre pajarillo cubierto sólo de ligero plumón; no soy un águila, únicamente poseo de ella los ojos y el corazón... ¡Sí, a pesar de mi extrema pequeñez, me atrevo a mirar fijamente el Sol divino del amor, y ardo en deseos de lanzarme hasta él. Quisiera volar, quisiera imitar a las águilas, pero sólo sé levantar mis alitas: no está al alcance de mi pequeño poder echarme a volar.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.