Santos ApóstolesParroquia · Santiago

Liturgia cotidiana

Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

XXVIII semana del Tiempo Ordinario · Blanco

01

Primera lectura

Romanos 8, 22-27

22Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto.

23Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.

24Porque nuestra salvación es en esperanza; y una esperanza que se ve, no es esperanza, pues ¿cómo es posible esperar una cosa que se ve?

25Pero esperar lo que no vemos, es aguardar con paciencia.

26Y de igual manera, el Espíritu viene en ayuda de nuestra flaqueza. Pues nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables,

27y el que escruta los corazones conoce cuál es la aspiración del Espíritu, y que su intercesión a favor de los santos es según Dios.

02

Salmo responsorial

Salmo 18, 8. 9. 10. 11

Antífona Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

La ley de Yahveh es perfecta,consolación del alma,el dictamen de Yahveh,veraz,sabiduría del sencillo.

Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

Los preceptos de Yahveh son rectos, gozo del corazón;claro el mandamiento de Yahveh, luz de los ojos.

Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

El temor de Yahveh es puro, por siempre estable;verdad, los juicios de Yahveh, justos todos ellos,

Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

apetecibles más que el oro, más que el oro más fino;sus palabras más dulces que la miel, más que el jugo de panales.

Señor, Tú tienes palabras de Vida eterna.

Forma responsorial contrastada con San Pablo Chile · Liturgia cotidiana ↗
03

Evangelio

Juan 15, 1-8

1«Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador.

2Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto.

3Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado.

4Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí.

5Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada.

6Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden.

7Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis.

8La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.