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San Juan Crisóstomo · Homilías 20 y 21 sobre san Juan

«Ven y lo verás».

Natanael se acerca con preguntas y termina confesando a Jesús. Un itinerario breve que puede convertirse también en el nuestro.

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Juan 1, 45–51

Una fe sin doblez

«Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, yo te vi».

Una invitación sencilla

Felipe no intenta vencer la objeción de Natanael con una larga discusión. Le propone algo más decisivo: «Ven y lo verás». San Juan Crisóstomo contempla en este gesto la fuerza del verdadero testimonio: quien ha encontrado a Cristo no impone una idea, sino que conduce hacia una presencia.

También nosotros recibimos la fe porque alguien nos señaló el camino. Pero el anuncio sólo alcanza su plenitud cuando damos el paso personal, nos ponemos en movimiento y dejamos que Jesús mismo se revele.

Jesús ya lo había visto

Antes de que Natanael formule su confesión, descubre que ha sido conocido. La mirada de Cristo llega primero: alcanza la historia secreta, la búsqueda y la verdad del corazón. La higuera, cuyo significado concreto el Evangelio no explica, queda como el lugar íntimo en el que el discípulo comprende que su vida estaba abierta ante Dios.

Un corazón que puede ser sanado

La ausencia de doblez no significa que Natanael no tenga límites. Significa que no se esconde detrás de una apariencia. Se presenta como es, incluso con su prejuicio sobre Nazaret, y por eso puede dejarse corregir. La sinceridad delante de Cristo abre el corazón a la gracia.

San Agustín vio en esta transparencia un alma dispuesta a recibir al Médico. La santidad no comienza fingiendo perfección, sino permitiendo que la verdad de Jesús alcance lo que somos.

Hacia cosas mayores

San Juan Crisóstomo observa que Cristo no deja a Natanael detenido en una primera comprensión. Lo conduce poco a poco desde una idea todavía terrena del Mesías hacia el misterio del Hijo del hombre, sobre quien suben y bajan los ángeles. Jesús no es solamente rey de Israel: es el lugar vivo donde el cielo y la tierra se encuentran.

La vocación de san Bartolomé

La tradición cristiana identifica a Natanael con el apóstol Bartolomé. Los Evangelios lo cuentan entre los Doce; las tradiciones posteriores recuerdan su anuncio misionero hacia Oriente y su entrega hasta el martirio. Los detalles históricos son escasos, pero su testimonio permanece nítido: dejarse encontrar por Cristo y consagrarle la vida entera.

Benedicto XVI resumió su herencia espiritual recordando que la adhesión a Jesús puede vivirse sin obras sensacionales. Lo verdaderamente extraordinario es Cristo mismo, y cada cristiano está llamado a ofrecerle su vida cotidiana.

Para orar hoy

Señor Jesús, tú que viste a Natanael antes de que él te conociera, mira también nuestra vida. Quita de nosotros toda doblez, danos un corazón verdadero y haznos capaces de aceptar tu invitación. Que, como san Bartolomé, podamos reconocerte, seguirte y anunciarte con fidelidad.

Nota de edición. Esta página es una catequesis pastoral basada en las Homilías 20 y 21 de san Juan Crisóstomo sobre el Evangelio de san Juan. No pretende sustituir el texto patrístico original; las fuentes completas pueden consultarse a continuación.

Evidencia y tradición

Una memoria apostólica bien acompañada.

El Evangelio litúrgico, la catequesis pontificia y los comentarios patrísticos permiten profundizar la figura de san Bartolomé con fidelidad y serenidad.