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Homilía diaria

Evangelio · comentario pastoral · oración

Volver a Homilía diariaXXIII Domingo del Tiempo Ordinario · Jornada de los Migrantes

Ganar al hermano

La corrección cristiana no busca exhibir la falta, sino recuperar la comunión. Cristo mismo se hace presente cuando una comunidad une verdad, discreción, oración y misericordia.

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Cristo se hace presente entre varios discípulos reunidos alrededor de la Escritura
Donde dos o tres se reúnen en mi nombreHeinrich Hofmann hace visible una promesa que el Evangelio deja en el misterio: Cristo en medio de una pequeña comunidad reunida. La mesa, el libro y las miradas recuerdan que la presencia del Señor no elimina el diálogo humano, sino que lo purifica y sostiene.Heinrich Hofmann, 1893 · dominio público · Wikimedia Commons

Evangelio del día

Mateo 18, 15–20

La corrección cristiana no busca exhibir la falta, sino recuperar la comunión. Cristo mismo se hace presente cuando una comunidad une verdad, discreción, oración y misericordia.

Leccionario del día

La mesa de la Palabra.

  1. Primera lecturaEzequiel 33, 7-9
  2. SalmoSalmo 94, 1-2. 6-9
  3. Segunda lecturaRomanos 13, 8-10
  4. EvangelioMateo 18, 15-20

La Palabra

Mateo 18, 15–20

15 «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. 16 Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. 17 Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano.

18 «Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo.

19 «Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. 20 Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Texto: Biblia de Jerusalén · edición de 1976

Comentario pastoral

Ganar al hermano

Una palabra para comunidades reales

Jesús no imagina una Iglesia sin conflictos. Habla a una comunidad donde un hermano puede pecar contra otro, una palabra puede herir y la comunión puede fracturarse. La santidad cristiana no consiste en fingir que nada ocurre, sino en aprender a atravesar el mal sin abandonar al hermano ni renunciar a la verdad.

Ezequiel recibe la misión del centinela. Debe advertir porque la vida del otro importa. San Pablo resume toda la ley en el amor. El Evangelio une ambas cosas: un amor que nunca corrige puede volverse indiferencia; una corrección sin amor se convierte en violencia moral.

Entre tú y él a solas

El primer paso de Jesús protege la intimidad. No dice que reunamos aliados, publiquemos la ofensa ni fabriquemos una reputación alrededor de la caída ajena. Manda ir personalmente. La discreción no oculta el mal; protege la dignidad mientras busca la conversión.

San Juan Crisóstomo observa que la finalidad es ganar al hermano. La palabra ganar resulta decisiva. No se trata de ganar una discusión, imponer una superioridad ni obtener reconocimiento público. El único triunfo cristiano es recuperar una persona y una comunión.

Antes de hablar conviene examinar el corazón. ¿Deseo realmente el bien del otro? ¿Estoy dispuesto a escuchar una explicación? ¿Puedo distinguir un pecado de una diferencia de gustos? ¿He rezado por esa persona? La corrección evangélica comienza mucho antes de pronunciar una frase.

La pedagogía de la recuperación

Si el diálogo personal no basta, Jesús amplía gradualmente el círculo. Uno o dos testigos pueden ayudar a esclarecer, evitar la arbitrariedad y sostener una conversación difícil. Finalmente interviene la comunidad. El papa Francisco llama a este camino pedagogía de la recuperación: cada paso busca salvar, no expulsar con prisa.

Incluso la expresión sobre el pagano y el publicano debe leerse mirando cómo Jesús trató a paganos y publicanos. Reconocer una ruptura real no autoriza el desprecio. Puede ser necesario establecer límites y proteger a la comunidad, pero la persona nunca deja de ser confiada a la misericordia de Dios.

Esta madurez es especialmente necesaria cuando existen heridas graves. El perdón cristiano no exige negar los hechos ni prescindir de medidas de protección y justicia. La comunidad debe cuidar a quien fue dañado, escuchar con competencia y no usar un lenguaje espiritual para encubrir responsabilidades. La meta sigue siendo la verdad que puede sanar.

Atar, desatar, ponerse de acuerdo

Jesús entrega a la comunidad una responsabilidad que alcanza el cielo. Atar y desatar no son gestos de poder caprichoso. Expresan el peso espiritual de nuestras decisiones. Una palabra puede encerrar a una persona para años; otra puede abrir un camino de arrepentimiento y regreso.

Por eso la corrección desemboca en la oración. Dos que se ponen de acuerdo ante el Padre no forman una alianza contra un tercero. Se sitúan juntos bajo el juicio misericordioso de Dios. Solo una comunidad que también se deja corregir puede corregir de manera cristiana.

La imagen de Hofmann presenta a Cristo en medio de un pequeño grupo reunido alrededor del libro. No está sobre ellos como una figura decorativa. Su presencia cambia el modo de mirarse. Nadie queda reducido a su opinión porque todos han sido convocados por una Palabra anterior.

El hermano que llegó de lejos

La Jornada de los Migrantes ensancha hoy la palabra hermano. El extranjero puede ser fácilmente convertido en rumor, estadística o problema. El Evangelio nos devuelve un rostro. La comunión cristiana no exige borrar la historia de quien llega, sino aprender a encontrarnos en Cristo.

También aquí se necesita corrección mutua. Una comunidad puede descubrir prejuicios en su lenguaje; quien llega puede necesitar comprender costumbres y responsabilidades comunes. El diálogo verdadero no infantiliza a nadie. Une acogida, claridad y participación.

Ganar al hermano puede comenzar invitando a una mesa, aprendiendo un nombre, escuchando una historia antes de emitir un juicio o ayudando a una familia a orientarse. La hospitalidad no resuelve por sí sola todos los problemas sociales, pero impide que hablemos de personas sin hablar con ellas.

Una regla para esta semana

Antes de contar a un tercero una ofensa, preguntémonos si corresponde hablar primero con la persona implicada. Antes de corregir, recemos. Al hablar, describamos el hecho sin destruir la identidad del otro. Y después de decir la verdad, dejemos espacio para escuchar.

Si somos nosotros quienes recibimos la corrección, pidamos la gracia de no responder inmediatamente a la defensiva. Quizá la voz sea imperfecta y, sin embargo, contenga una palabra que necesitamos.

Cristo promete estar donde dos o tres se reúnen en su nombre. No necesitamos una multitud para comenzar la reconciliación. Bastan dos corazones que consientan ponerse bajo su luz. Allí la verdad deja de ser arma, la misericordia deja de ser excusa y la comunidad vuelve a respirar.

Oremos

Oración final

Señor Jesús, presente en medio de quienes se reúnen en tu nombre, purifica nuestra manera de hablar y escuchar. Danos valentía para buscar al hermano a solas, discreción para proteger su dignidad y humildad para recibir corrección. Sostén a quienes han sido heridos, guía a quienes deben cuidar la justicia y ensancha nuestra comunidad para acoger a quien llega de lejos. Que no busquemos vencer, sino ganar al hermano para la verdad y la comunión. Amén.

La oración de la Iglesia

Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.

Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.

Rezar la Liturgia de las Horas

En comunión y al servicio de nuestra comunidad

PárrocoParroquia de los Santos Apóstoles

Para llevar la Palabra más lejos

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Palabra y tradición

Fuentes para seguir profundizando.

Las referencias se presentan separadas del comentario pastoral.