Evangelio del día
Lucas 5, 1–11
Pedro presta a Cristo una barca vacía y recibe una misión. San Gregorio Magno enseña que el verdadero pastor une contemplación, compasión y humilde servicio.
Leccionario del día
La mesa de la Palabra.
- Primera lectura1 Corintios 3, 18-23
- SalmoSalmo 23, 1-6
- EvangelioLucas 5, 1-11
La Palabra
Lucas 5, 1–11
1 Estaba él a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, 2 cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. 3 Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.
4 Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.» 5 Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes.» 6 Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. 7 Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían.
8 Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador.» 9 Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. 10 Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres.» 11 Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.
Texto: Biblia de Jerusalén · edición de 1976
Comentario pastoral
Rema mar adentro con corazón de pastor
Una barca cansada se vuelve cátedra
Simón ha trabajado toda la noche y no tiene nada que mostrar. Las redes vacías pueden representar muchas experiencias: un esfuerzo pastoral que parece no dar fruto, una familia que ha intentado dialogar sin conseguirlo, una búsqueda laboral prolongada, una oración que no encuentra consuelo.
Jesús no comienza reprochando el fracaso. Pide prestada la barca. Aquello que parece inútil después de una noche estéril se convierte en lugar desde el cual el Maestro enseña. Antes de llenar las redes, Cristo habita la pobreza de Simón.
También san Gregorio conoció una barca zarandeada. Había sido prefecto de Roma, transformó su casa en monasterio y deseaba la quietud contemplativa. La Iglesia lo llamó, sin embargo, a conducirla en un tiempo de guerras, peste, hambre y desorden. No recibió el pontificado como coronación de una carrera, sino como peso pastoral aceptado por obediencia.
Por tu palabra
Jesús pide remar mar adentro y echar las redes. Simón no responde con optimismo ingenuo. Expone la realidad: ha trabajado y no ha recogido nada. Luego añade la palabra decisiva: obedecerá apoyado en la palabra de Cristo.
Benedicto XVI observa que el discípulo pasa de llamar a Jesús Maestro a llamarlo Señor. La pesca no es solo abundancia material; revela quién está en la barca. Cuando la presencia de Cristo se manifiesta, Pedro ya no se mide por el resultado de su trabajo, sino por la santidad del que lo ha llamado.
La obediencia cristiana no niega los hechos. Los presenta ante Dios y se atreve a actuar desde una promesa mayor. La red se lanza de nuevo en el mismo lago, pero ya no desde la autosuficiencia del oficio, sino desde una confianza humilde.
El arte de descender y ascender
La Regla pastoral de san Gregorio dibuja al pastor como una persona que sabe acercarse con compasión a la debilidad de los demás y, a la vez, elevarse en contemplación hacia Dios. Si solo desciende, puede quedar absorbido por las urgencias; si pretende solo ascender, abandona a quienes le fueron confiados.
Gregorio vivió esa tensión sin romantizarla. Administró el alimento de Roma, atendió negociaciones políticas, envió misioneros, predicó y escribió. Benedicto XVI dice que sus homilías parecen escritas con la sangre del corazón. La expresión es fuerte porque describe una palabra que no nace del escritorio aislado, sino de una vida ofrecida.
El pastor no es dueño de los peces ni del lago. Tampoco es dueño de la barca. Recibe una misión dentro de la obra de Cristo. Por eso Gregorio quiso ser llamado servidor de los servidores de Dios. La autoridad eclesial encuentra su belleza cuando ayuda a otros a reconocer la voz del Señor y no cuando los vuelve dependientes de una personalidad.
No temas
Ante la pesca, Pedro pide distancia porque se sabe pecador. Jesús no discute la verdad de esa conciencia, pero tampoco permite que el pecado tenga la última palabra. Responde con una llamada: no temas; desde ahora tu vida será reunida para una misión.
El Evangelio no elige a personas que ya se sienten suficientes. Elige a quienes, tocados por la santidad, pueden dejar de fingir. La humildad no consiste en repetir que no servimos, sino en permitir que Dios use la barca, las redes, la experiencia y también las heridas purificadas.
Compañeros para una red abundante
La pesca es tan grande que Simón necesita hacer señas a la otra barca. La misión cristiana desborda el individualismo. Cuando la obra de Dios crece, crece también la necesidad de colaboración. El éxito que no aprende a compartir termina hundiendo la barca.
San Gregorio envió a Agustín de Canterbury y a sus compañeros a evangelizar a los pueblos anglosajones. La misión no fue la expansión de un ego, sino una red de obediencias, cuidados y traducciones culturales. Toda comunidad puede preguntarse hoy a qué otra barca necesita llamar y qué tarea debe dejar de monopolizar.
Rema hoy
Quizá no se nos pide una empresa grandiosa. Rema mar adentro puede significar retomar una conversación con más paciencia, preparar con seriedad una catequesis, compartir una responsabilidad, ofrecer una hora a quien necesita compañía o volver a rezar después de una noche vacía.
Prestemos a Cristo la barca tal como está. Dejemos que su Palabra resuene desde nuestra pobreza. La fecundidad no está garantizada por el ruido ni por la prisa. Nace de una presencia acogida, una obediencia concreta y un corazón de pastor que sabe mirar a Dios sin dejar de mirar al pueblo.
Oremos
Oración final
Señor Jesús, sube a la barca de nuestra pobreza y habla desde ella. Cuando las redes vuelvan vacías, danos la obediencia humilde de Pedro. Por intercesión de san Gregorio Magno, concede a tus pastores una inteligencia que escuche, una contemplación que sostenga y una compasión que se incline sobre cada persona. Líbranos de apropiarnos de tu obra y enséñanos a llamar a la otra barca. Amén.
La oración de la Iglesia
Continúa el día rezando la Liturgia de las Horas.
Salmos, himnos y lecturas para santificar cada momento de la jornada en comunión con toda la Iglesia.


