Santos Apóstoles · Kindle

Libro VII · Capítulo 5

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

1. Buscaba pues yo de dónde viene el mal, pero no buscaba bien y no veía lo que de malo había en mi búsqueda. En mi mente me representaba la creación entera y cuanto en ella podemos ver: la tierra, el mar, el aire, los astros, los árboles y los animales; me representaba también lo que no se ve, como el espacio sin fin, los ángeles y todo lo que tienen de espiritual; pero me los representaba como si fueran cuerpos a los cuales señalaba un lugar mi imaginación. Con eso me forjaba una masa enorme, que era tu creación, distinta con diferentes géneros de cuerpos; unos, que realmente lo eran y otros, los espíritus, que yo como cuerpos me imaginaba. Muy grande me imaginé tu creación; no como en realidad es, que eso no lo podía yo saber, sino como me plugo que fuera. Grande, sí, pero por todas partes limitada. Y a ti, Señor, te imaginaba como ambiente y continente de toda tu creación, pero tú mismo infinito. Como un mar que estuviera en todas partes y no hubiera sino un solo mar infinito y en él se contuviera una grande esponja, grande pero limitada y que esa esponja estuviera toda llena, en todas sus partes, del agua del inmenso mar. Así me imaginaba yo tu creación; finita, pero llena de ti y tú, infinito. Y me decía: así es Dios y todo esto es lo que Dios creó. Bueno es Dios y con mucho, con muchísimo, más excelente que todo eso. Y siendo Él bueno, creó buenas todas las cosas y, ved aquí cómo las circunda, las contiene y las llena.

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