Libro VIII · Capítulo 7
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
16. Todo esto nos contaba Ponticiano, y mientras él lo estaba refiriendo, Vos, Señor, me obligabais a que volviese en mí y me considerase, haciendo que todo el feo semblante de mi mala vida, que yo había echado a las espaldas por no verme, se me pusiese delante de mí, para que viese cuán feo era, cuán descompuesto y sucio, manchado y lleno de llagas. Yo me veía y me horrorizaba y no tenía adónde huir de mí mismo. Si procuraba apartar de mí la vista, prosiguiendo Ponticiano su relación, volvíais a ponerme enfrente de mí y hacíais que me viese y me mirase a mí mismo, para que claramente conociese mi maldad y la aborreciese. Bien la conocía yo, pero disimulaba: pasaba por ella y la olvidaba.
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