Libro VIII · Capítulo 10
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 5
22. Perezcan, Dios mío, a vuestra presencia, como inventores de fábulas y engañadores de las almas, los que viendo en sí dos voluntades opuestas en sus determinaciones, afirman que hay dos naturalezas de almas, la una buena y la otra mala. Ellos sí que son los malos cuando afirman y establecen tan malas doctrinas, pero ellos mismos serían buenos si dieran asenso a la doctrina verdadera y la creyesen, para que entonces les dijera vuestro Apóstol: Por algún tiempo habéis sido tinieblas, pero ya al presente sois luz en el Señor. Mas estos hombres por la locura de querer ser luz en sí mismos y no en el Señor, e imaginar y juzgar que la sustancia y el ser del alma es el mismo que el de Dios, han venido a convertirse en tinieblas mucho más oscuras y espesas, porque su arrogancia y presunción los apartó mucho más de Vos, Dios mío, que sois la verdadera luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.
Atended, hombres, reflexionad bien lo que decís y avergonzaos de semejantes delirios; no dilatéis el acercaros al Señor, y os alumbrará su luz, y así os libraréis del rubor y confusión eterna que os amenaza.
Capítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.