Libro XI · Capítulo 15
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 3
Si se concibe un punto de tiempo que no pueda dividirse en partes de momentos, por pequeñísimas que sean, éste es el único tiempo que ha de llamarse presente; el cual, sin embargo, tan rápidamente vuela de futuro a pasado, que no se extiende ni con una mínima duración; porque si se extiende, es divisible en pasado y futuro; mas el presente no tiene espacio alguno.
¿Dónde está, pues, el tiempo que podamos llamar largo? ¿Acaso el futuro? Ciertamente, no decimos: es largo, porque todavía nada existe, que ya sea largo; sino decimos: será largo. ¿Cuándo, pues, lo será? Porque si aun entonces será futuro, no será largo, porque todavía nada existirá que sea largo. Pero si entonces será largo cuando de futuro, que no es todavía, empiece ya a ser, y se haya hecho presente para que pueda haber algo que sea largo, ya con las voces arriba oídas clama el tiempo presente que él no puede ser largo.
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