Santos Apóstoles · Kindle

Libro XII · Capítulo 12

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 1

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15. Consideradas estas cosas, Dios mío, cuanto Vos me lo concedéis, cuanto Vos me incitáis a llamar, y cuanto abrís al que llama, dos cosas hallo que hicisteis que carecen de tiempo, aunque ninguna de las dos es coeterna con Vos: una, que de tal suerte está formada, que sin ningún desfallecimiento en la contemplación, sin ningún intervalo de alteración, aunque mudable, pero no mudada, goza de vuestra eternidad e inmutabilidad; otra, que de tal suerte era informe, que no tenía forma de que mudarse en otra forma ni de movimiento ni de reposo, por donde estuviese sujeta a los tiempos. Mas a ésta no la abandonasteis para que quedase informe. Porque hicisteis antes de todo día, en el Principio el cielo y la tierra, estas dos cosas de que vengo hablando. Mas la tierra era invisible e incompuesta y tinieblas sobre el abismo; con las cuales palabras se insinúa la informidad –a fin de que sean gradualmente preparados los que no pueden pensar una total privación de forma, que, sin embargo, no se reduce a la nada–, de donde se hiciese el otro cielo, y la tierra visible y compuesta, y el agua hermosa, y todas cuantas cosas después en la formación del mundo, no sin días, se conmemoran haber sido hechas; porque son tales, que en ellas se realizan las vicisitudes de los tiempos, por medio de las mudanzas de los movimientos y de las formas.

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