Libro XII · Capítulo 14
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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17. ¡Maravillosa profundidad la de vuestras Escrituras, cuya superficie, he aquí, se nos presenta acariciando a los pequeñuelos; pero maravillosa profundidad, Dios mío, maravillosa profundidad! Vértigo da fijar la vista en ella: vértigo de respeto y temblor de amor. Violentamente aborrezco a sus enemigos. ¡Oh si les dierais muerte con la espada de dos filos, y no fueran sus enemigos! Porque de tal suerte quiero que sean muertos para sí, que vivan para Vos.
Mas he aquí otros, no detractores, sino encomiadores del libro del Génesis, que dicen: No es eso lo que en estas palabras quiso dar a entender el Espíritu de Dios que por su siervo Moisés escribió estas cosas: no quiso dar a entender eso que tú dices, sino otra cosa, lo que decimos nosotros. A los cuales yo, tomándoos por árbitro a Vos, Dios de todas las cosas, respondo de esta manera.
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