Libro XIII · Capítulo 4
Las confesiones · San Agustín de Hipona
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5. ¿Qué os faltaría, pues, al Bien que Vos sois para Vos, aunque enteramente no existiesen, o hubiesen quedado informes esas criaturas que Vos hicisteis, no por indigencia, sino por plenitud de vuestra bondad, reduciéndolas y convirtiéndolas a su forma, no como si por ellas se hubiera de completar vuestro gozo? Pues, como a perfecto que sois, os desagrada su imperfección, para que sean por Vos perfeccionadas y os agraden; mas no como a imperfecto, como si también Vos con su perfección hubierais de perfeccionaros.
Porque vuestro Espíritu bueno se cernía sobre las aguas (Gen., 1, 2); no era llevado por ellas como si en ellas reposase. Porque aquellos en quienes se dice que reposa vuestro Espíritu, Él los hace reposar en Sí. Pero vuestra voluntad incorruptible e inmutable, en sí misma suficiente a sí misma, se cernía sobre aquella vida que Vos habíais hecho; para la cual no es lo mismo vivir que bienaventuradamente vivir, porque también vive flotando en su oscuridad. Fáltale convertirse a Aquél por quien fue hecha, y más y más vivir cabe la fuente de la vida, y en la luz de Ella ver la luz (Ps., 35, 10), y ser perfeccionada, iluminada, beatificada.
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