Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 9

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 1

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10. ¿Por ventura, el Padre o el Hijo no se cernían sobre las aguas? Si se entiende de lugar, a la manera de un cuerpo, tampoco se cernía el Espíritu Santo; mas si es por la eminencia de la inmutable divinidad sobre todo lo mudable, el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo se cernían sobre las aguas.

¿Por qué, pues, se dijo esto solamente de vuestro Espíritu? ¿Por qué de solo Él se menciona como el lugar donde estaba, lo que (para Él) no era lugar? Porque de solo Él se dijo que es vuestro Don: en vuestro Don descansamos; allí gozamos de Vos: nuestro descanso es nuestro lugar. El amor nos eleva allá, y vuestro Espíritu bueno (Ps., 142, 10) levanta nuestra bajeza de las puertas de la muerte (Ps., 9, 15). En vuestra buena voluntad tenemos paz.

El cuerpo con su peso tiende a su lugar; el peso no va solamente hacia abajo, sino a su lugar. El fuego tiende hacia arriba; la piedra, hacia abajo; por sus pesos se mueven y van a su lugar. El aceite derramado debajo del agua se levanta sobre el agua; el agua derramada encima del aceite se sumerge debajo del aceite: por sus pesos se mueven: van a su lugar.

Las cosas mal ordenadas están inquietas: se ponen en orden y descansan.

Mi peso es mi amor: él me lleva doquiera que soy llevado. Vuestro Don nos enciende y nos lleva hacia arriba: nos enardecemos y subimos: ascendemos ascensiones en el corazón (Ps., 83, 6), y cantamos el Cántico de las Subidas. Con vuestro fuego nos enardecemos y caminamos; porque vamos arriba, a la paz de Jerusalén; porque me he gozado en esto que me han dicho: Iremos a la casa del Señor (Ps., 121, 6, 1). Allí nos colocará vuestra buena voluntad, de suerte que ninguna otra cosa queramos sino permanecer allí eternamente.

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