Libro XIII · Capítulo 12
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
13. ¡Adelante en tu confesión, oh fe mía! Dile al Señor tu Dios: Santo, Santo, Santo, Señor Dios mío (Is., 6, 3): en vuestro nombre fuimos bautizados, Padre e Hijo y Espíritu Santo; en vuestro nombre bautizamos, Padre e Hijo y Espíritu Santo (Mt., 28, 19). Porque también entre nosotros hizo Dios en su Cristo el cielo y la tierra, los espirituales y los carnales de su Iglesia (1 Cor., 3, 1). Y nuestra tierra, antes que recibiera la forma de la doctrina, era invisible e incompuesta, y estábamos envueltos en tinieblas de ignorancia, porque Vos en corrección de la culpa castigáis al hombre (Ps., 38, 12), y son vuestros juicios gran abismo (Ps., 37, 7).
Pero como vuestro Espíritu se cernía sobre el agua, no abandonó vuestra misericordia a nuestra miseria, y dijisteis: Hágase la luz (Gen., 1, 3). Haced penitencia, porque se acerca el reino de Dios (Mt., 3, 2). Haced penitencia: hágase la luz. Y como nuestra alma estaba dentro de nosotros conturbada, nos acordamos de Vos desde la tierra del Jordán y desde el Monte igual a Vos (Ps., 41, 7), pero pequeño por amor nuestro [Cristo]; y nos desagradaron nuestras tinieblas, y nos convertimos a Vos, y se hizo la luz. Y ved cómo fuimos un tiempo tinieblas, mas ahora luz en el Señor (Efes., 5, 8).
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