Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 2

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del bajo aprecio de sí mismo.

Tramo 1 de 2

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[1] Todos los hombres, naturalmente, desean saber; mas, ¿qué aprovecha la ciencia sin el temor de Dios?

Por cierto, mejor es el rústico humilde que a Dios sirve, que el soberbio filósofo que, dejando de conocerse, considera el curso del cielo.

El que bien se conoce, tiénese por vil, y no se deleita en alabanzas humanas.

Si yo supiese cuanto hay en el mundo y no estuviese en caridad, ¿qué me aprovecharía delante de Dios, que me juzgará según mis obras?

[2] No tengas deseo demasiado de saber, porque en ello se halla grande estorbo y engaño.

Los letrados gustan de ser vistos y tenidos por tales.

Muchas cosas hay que, el saberlas, poco o nada aprovecha al alma; y muy loco es el que en otras cosas entiende, sino en las que tocan a la salvación.

Las muchas palabras no hartan el alma; mas la buena vida le da refrigerio y la pura conciencia causa gran confianza en Dios.

[3] Cuanto más y mejor entiendes, tanto más gravemente serás juzgado si no vivieres santamente.

Por eso no te ensalces por alguna de las artes o ciencias; mas teme del conocimiento que de ella se te ha dado.

Si te parece que sabes mucho y entiendes muy bien, ten por cierto que es mucho más lo que ignoras.

«No quieras saber cosas altas» (Rom 11,21); mas confiesa tu ignorancia.

¿Por qué te quieres tener en más que otro, hallándose muchos más doctos y sabios en la ley que tú?

Si quieres saber y aprender algo provechosamente, desea que no te conozcan ni te estimen.

[4] El verdadero conocimiento y desprecio de sí mismo es altísima y doctísima lección.

Gran sabiduría y perfección es sentir siempre bien y grandes cosas de otros, y tenerse y reputarse en nada.

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