Libro II · Capítulo 12
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Del camino real de la santa cruz
Tramo 3 de 6
Nuestro Señor Jesucristo, por cierto, en cuanto vivió en este mundo no estuvo una hora sin dolor de pasión. Porque «convenía –dice– que Cristo padeciese y resucitase de entre los muertos, y así entrase en su gloria» (Lc 24,26). Pues, ¿cómo buscas tú otro camino sino este camino real que es la vía de la santa cruz?
[7] Toda la vida de Cristo fue cruz y martirio, ¿y tú buscas para ti holganza y gozo?
Yerras, te engañas si buscas otra cosa sino sufrir tribulaciones, porque toda esta vida mortal está llena de miserias y por todas partes señalada de cruces. Y cuanto más altamente alguno aprovechare en espíritu, tanto más graves cruces hallará muchas veces, porque la pena de su destierro crece más por el amor.
[8] Mas este tal, así afligido de tantas maneras, no está sin alivio de consolación, porque siente el gran fruto que le crece con llevar la cruz.
Porque cuando se sujeta a ella de su voluntad, toda la carga de la tribulación se convierte en confianza de la divina consolación.
Y cuanto más se quebranta la carne por la aflicción, tanto más se robustece el espíritu por la gracia interior.
Y algunas veces tanto es confortado del efecto de la tribulación y adversidad por el amor y conformidad de la cruz de Cristo, que no quiere estar sin dolor y tribulación, porque se tiene por más acepto a Dios cuanto mayores y más graves cosas pudiere sufrir por Él.
Esto no es virtud humana, sino gracia de Cristo, que tanto puede y hace en la carne flaca, que lo que naturalmente siempre aborrece y huye, lo acometa y ame con fervor de espíritu.
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