Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 28

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LOS JUICIOS TEMERARIOS

Tramo 2 de 7

Letra pequeñaMedianaGrande

Según sean las causas de los juicios temerarios, han de ser los remedios. Hay corazones agrios, amargos y ásperos de natural, que agrían y amargan todo lo que reciben, y, como dice el profeta, «convierten el juicio en ajenjos», no juzgando jamás al prójimo si no es con todo rigor y dureza; éstos tienen mucha necesidad de caer en las manos de un buen médico espiritual, pues esta amargura de corazón es muy difícil de vencer, por lo mismo que es algo contranatural; y, aunque esta amargura no sea pecado, sino solamente una imperfección; es, no obstante, peligrosa, porque hace que entre y reine en el alma el juicio temerario y la maledicencia. Algunos hay que juzgan temerariamente, no por amargura sino por orgullo, y les parece que, a medida que rebajan el honor de los demás, encumbran el propio; espíritus arrogantes y presuntuosos, se admiran a sí mismos y suben tan alto en su propia estima, que todo lo demás les parece pequeño y bajo: «Yo no soy como los demás hombres», decía aquel necio fariseo.

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