Santos Apóstoles · Kindle

Parte 3 · Capítulo 32

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LOS JUEGOS PROHIBIDOS

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Los juegos de los dados, de los naipes y otros semejantes, en los cuales la ganancia depende únicamente del azar, no sólo son recreaciones peligrosas, como los bailes, sino también sencillamente y naturalmente malas y vituperables; por esto están prohibidos por las leyes, así civiles como eclesiásticas. Pero dirás: «¿Qué mal hay en ellos?» En estos juegos la ganancia no es fruto de la inteligencia, sino de la suerte, que muchas veces favorece al que no lo merece ni por su habilidad ni por su ingenio: en esto, pues, la razón sale ofendida.

«Pero nosotros ya hemos convenido en ello>>, replicarás. Esto sirve para demostrar que el que gana no hace injuria a los demás, pero de aquí no se sigue que el pacto no esté fuera de razón, y también el juego; porque el lucro, que ha de ser el precio de la habilidad, se convierte en el precio de la suerte, la cual no vale nada, pues, de ninguna manera, depende de nosotros.

Además, estos juegos llevan el nombre de recreación, y para esto se han inventado; sin embargo, no lo son, sino más bien ocupaciones violentas. Porque, ¿no es, acaso, ocupación, tener el espíritu oprimido y tenso por una continua atención, y agitado por constantes inquietudes, aprensiones y zozobras? ¿Existe una atención más triste, más sombría y más melancólica que la de los jugadores? Por esto, durante el juego, no se puede hablar, ni reír, ni toser, pues enseguida se encolerizan.

Finalmente, en el juego, no hay más goce que el del lucro, y ¿no es inicuo un goce que no se puede lograr de otra manera, sino a costa de la pérdida y del disgusto del compañero?

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