Parte 4 · Capítulo 13
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LOS CONSUELOS ESPIRITUALES Y SENSIBLES Y CÓMO HAY QUE CONDUCIRSE EN ELLOS
Tramo 7 de 9
3. Pero me dirás: puesto que hay consuelos sensibles que son buenos y vienen de Dios, y también los hay inútiles, peligrosos y aun perniciosos, que provienen de la naturaleza o del enemigo, ¿cómo podré discernir los unos de los otros y conocer los malos y los inútiles entre los que son buenos? Es doctrina general, amada Filotea, que, en cuanto a los afectos y pasiones, los hemos de conocer por los frutos. Nuestros corazones son los árboles; los afectos y las pasiones son sus ramas, y sus obras y acciones son sus frutos. Es bueno el corazón que tiene buenos afectos, y son los afectos y las pasiones los que producen en nosotros buenas obras y santas acciones. Si las dulzuras, ternezas y consolaciones nos hacen más humildes, pacientes, tratables, caritativos y compasivos con el prójimo, más fervorosos en mortificar nuestras concupiscencias y nuestras inclinaciones, más constantes en nuestros ejercicios, más dóciles y flexibles con respecto a aquellos a quienes debemos obedecer, más sencillos en nuestra manera de vivir, es indudable, Filotea, que son de Dios; mas, si estas dulzuras sólo son dulces para nosotros, y nos hacen curiosos, ásperos, puntillosos, impacientes, tercos, orgullosos, presuntuosos, duros para con el prójimo, y por creer que ya somos santos no que remos sujetarnos más a la dirección y a la corrección, es seguro que estos consuelos son falsos y perniciosos. «El buen árbol solamente produce buenos frutos».
4. Cuando sintamos estas dulzuras y estos consuelos: a) Humillémonos mucho delante de Dios, y guardémonos bien de decir a causa de estas suavidades: « ¡ Ah, qué bueno soy ! »
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