Parte 4 · Capítulo 14
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LAS SEQUEDADES Y ESTERILIDADES ESPIRITUALES
Tramo 3 de 7
«al que tiene se le dará más, y al que no tiene lo que le han dado, porque lo ha perdido por su culpa, aun esto le será arrebatado», es decir, le privarán de las gracias que le tenían preparadas. Es muy cierto que la lluvia vivifica las plantas que están verdes; pero a las que no lo están, les quita aun la vida que no tienen, pues enseguida las pudre.
Por estas diversas causas perdemos las devotas consolaciones y caemos en la sequedad y esterilidad de espíritu: examinemos, pues nuestra conciencia, para ver si descubrimos en nosotros alguno de estos defectos. Pero ten en cuenta, Filotea, que este examen no ha de hacerse con inquietud ni excesiva curiosidad, sino que, si después de haber considerado fielmente nuestro comportamiento en este punto, encontramos la causa del mal, hemos de dar las gracias a Dios, porque el mal está ya en parte curado cuando se ha descubierto su causa. Si, al contrarío, nada ves de particular que te parezca que haya podido dar ocasión a esta sequedad, no pierdas el tiempo en un más detenido examen, sino que, con toda simplicidad, sin examinar ninguna otra particularidad, haz lo que te diré: 1. «Humíllate mucho delante de Dios, con el conocimiento de tu nada y de tu miseria. ¡Ah!,
¿qué soy, pobre de mí, cuando estoy dejada a mi arbitrio? Nada más, Dios mío, que una tierra seca, la cual agrietada por todas partes, muestra la sed que tiene de la lluvia del cielo, y, entretanto, el viento la disipa y la convierte en polvo».
2. Invoca a Dios, y pídele su alegría: «Devuélveme, ¡oh Señor!, la alegría de tu salud. Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz. Huye de aquí, viento infructuoso, que secas mi alma, y ven, agradable brisa de las consolaciones, sopla en mi jardín, y tus buenos efectos derramarán el olor de suavidad».
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