Capítulo 5
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Prosigue en los confesores. Dice lo que importa sean letrados
Tramo 1 de 4
1. No dé el Señor a probar a nadie en esta casa el trabajo que queda dicho, por quien Su Majestad es, de verse alma y cuerpo apretadas. ¡Oh, que si la prelada está bien con el confesor! ¡Que ni a él de ella, ni a ella de él no osan decir nada! Aquí vendrá la tentación de dejar de confesar pecados muy graves, por miedo de no estar en desasosiego. ¡Oh, válgame Dios, qué daño puede hacer aquí el demonio y qué caro les cuesta el apretamiento y honra! Que porque no traten más de un confesor, piensan granjean gran cosa de religión y honra del monasterio, y ordena por esta vía el demonio coger las almas, como no puede por otra. Si piden otro, luego les parece va perdido el concierto de la religión. ¡Oh, que si no es de la Orden!, aunque sea un santo, aun tratar con él les parece les hace afrenta.
2. Esta santa libertad pido yo, por amor del Señor, a la que estuviere por mayor; procure siempre con el obispo o provincial que, sin los confesores ordinarios, procure algunas veces tratar ella y todas y comunicar sus almas con personas que tengan letras, en especial si los confesores no las tienen, por buenos que sean. Son gran cosa letras para dar en todo luz. Será posible hallar lo uno y lo otro junto en algunas personas; y mientras más merced el Señor os hiciere en la oración, es menester más ir bien fundadas sus obras y oración.
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