Capítulo 12
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Trata de cómo ha de tener en poco la vida el verdadero amador de Dios, y la honra
Tramo 4 de 5
Cada una mire en sí lo que tiene de humildad y verá lo que está aprovechada. Me parece que al verdadero humilde, aun de primer movimiento, no osará el demonio tentarle en cosa de mayorías; porque, como es tan sagaz, teme el golpe. Es imposible, si uno es humilde, que no gane más fortaleza en esa virtud y aprovechamiento, si el demonio le tienta por ahí; porque está claro que ha de dar vuelta sobre su vida, y mirar lo que ha servido con lo que debe al Señor, y las grandezas que hizo en bajarse a sí para dejarnos ejemplo de humildad, y mirar sus pecados y adónde merecía estar por ellos. Sale el alma tan gananciosa, que no osa tornar otro día por no ir quebrada la cabeza.
7. Este consejo tomad de mí y no se os olvide; que no sólo en lo interior -que sería gran mal no quedar con ganancia-, mas en lo exterior procurad la saquen las hermanas de vuestra tentación; si queréis vengaros del demonio y libraros más presto de la tentación, que así como os venga, pidáis a la prelada que os mande hacer algún oficio bajo o, como pudiereis, los hagáis vos y andéis estudiando en esto cómo doblar vuestra voluntad en cosas contrarias, que el Señor os las descubrirá, y con esto durará poco la tentación. Dios nos libre de personas que le quieren servir, acordarse de honra. Mirad que es mala ganancia, y -como he dicho- la misma honra se pierde con desearla, en especial en las mayorías, que no hay tóxico en el mundo que así mate como estas cosas la perfección.
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