Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 15

Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús

Que trata del gran bien que hay en no disculparse, aunque se vean condenar sin culpa

Tramo 3 de 4

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5. ¡Oh, Señor mío!, cuando pienso por qué de maneras padecisteis y cómo por ninguna lo merecíais, no sé que me diga de mí, ni dónde tuve el seso cuando no deseaba padecer, ni adónde estoy cuando me disculpo. Ya sabéis Vos, Bien mío, que si tengo algún bien, que no es dado por otras manos sino por las vuestras. Pues, ¿qué os va, Señor, más en dar mucho que poco? Si es por no merecerlo yo, tampoco merecía las mercedes que me habéis hecho. ¿Es posible que he yo de querer que sienta nadie bien de cosa tan mala, habiendo dicho tantos males de Vos, que sois bien sobre todos los bienes? No se sufre, no se sufre, Dios mío -ni querría yo lo sufrieseis Vos-, que haya en vuestra sierva cosa que no contente a vuestros ojos. Pues mirad, Señor, que los míos están ciegos y se contentan de muy poco. Dadme Vos luz y haced que con verdad desee que todos me aborrezcan, pues tantas veces os he dejado a Vos, amándome con tanta fidelidad.

6. ¿Qué es esto, mi Dios? ¿Qué pensamos sacar de contentar a las criaturas? ¿Qué nos va en ser muy culpadas de todas ellas, si delante del Señor estamos sin culpa? ¡Oh, hermanas mías, que nunca acabamos de entender esta verdad, y así nunca acabaremos de estar perfectas, si mucho no la andamos considerando y pensando qué es lo que es y qué es lo que no es!

Pues cuando no hubiese otra ganancia, sino la confusión que le quedará a la persona que os hubiere culpado de ver que vos sin ella os dejáis condenar, es grandísimo; más levanta una cosa de éstas a las veces el alma que diez sermones. Pues todas hemos de procurar de ser predicadoras de obras, pues el Apóstol y nuestra inhabilidad nos quita que lo seamos en las palabras.

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