Capítulo 16
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
De la diferencia que ha de haber en la perfección de la vida de los contemplativos a los que se contentan con oración mental y cómo es posible algunas veces subir Dios un alma distraída a perfecta contemplación y la causa de ello
Tramo 4 de 4
7. ¡Oh, Señor! que todo el daño nos viene de no tener puestos los ojos en Vos, que si no mirásemos otra cosa sino al camino, presto llegaríamos; mas damos mil caídas y tropiezos y erramos el camino por no poner los ojos -como digo- en el verdadero camino. Parece que nunca se anduvo, según se nos hace nuevo. Cosa es para lastimar, por cierto, lo que algunas veces pasa. Pues tocar en un puntito de ser menos no se sufre, ni parece se ha de poder sufrir; luego dicen: «¡no somos santos!»
8. Dios nos libre, hermanas, cuando algo hiciéremos no perfecto decir: «no somos ángeles», «no somos santas». Mirad que, aunque no lo somos, es gran bien pensar, si nos esforzamos, lo podríamos ser, dándonos Dios la mano; y no hayáis miedo que quede por Él, si no queda por nosotras. Y pues no venimos aquí a otra cosa, manos a [la] labor -como dicen-; no entendamos cosa en que se sirve más el Señor que no presumamos salir con ella, con su favor. Esta presunción querría yo en esta casa, que hace siempre crecer la humildad: tener una santa osadía, que Dios ayuda a los fuertes y no es aceptador de personas.
9. Mucho me he divertido; quiero tornar a lo que decía, que es declarar qué es oración mental y contemplación. Impertinente parece, mas para vosotras todo pasa; podrá ser lo entendáis mejor por mi grosero estilo que por otros elegantes. El Señor me dé favor para ello, amén.
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