Capítulo 20
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Trata cómo por diferentes vías nunca falta consolación en el camino de la oración y aconseja a las hermanas de esto sean sus pláticas siempre
Tramo 1 de 4
1. Parece que me contradigo en este capítulo pasado de lo que había dicho; porque, cuando consolaba a los que no llegaban aquí, dije que tenía el Señor diferentes caminos por donde iban a Él, así como había muchas moradas. Así lo torno ahora a decir; porque, como entendió Su Majestad nuestra flaqueza, proveyó como quien es. Mas no dijo: «por este camino vengan unos y por éste otros»; antes fue tan grande su misericordia, que a nadie quitó procurarse venir a esta fuente de vida a beber. ¡Bendito sea por siempre, y con cuánta razón me lo quitara a mí!
2. Pues no me mandó lo dejase cuando lo comencé e hizo que me echasen en el profundo, a buen seguro que no lo quite a nadie, antes públicamente nos llama a voces. Mas, como es tan bueno, no nos fuerza; antes da de muchas maneras a beber a los que le quieren seguir, para que ninguno vaya desconsolado ni muera de sed. Porque de esta fuente caudalosa salen arroyos, unos grandes y otros pequeños, y algunas veces charquitos para niños, que aquello les basta, y más sería espantarlos ver mucha agua; éstos son los que están a los principios. Así que, hermanas, no hayáis miedo muráis de sed en este camino; nunca falta agua de consolación tan falto que no se pueda sufrir.
Y pues esto es así, tomad mi consejo y no os quedéis en el camino, sino pelead como fuertes hasta morir en la demanda, pues no estáis aquí a otra cosa, sino a pelear. Y con ir siempre con esta determinación de antes morir que dejar de llegar al fin del camino, si os llevare el Señor con alguna sed en esta vida, en la que es para siempre os dará con toda abundancia de beber y sin temor que os ha de faltar. Plega al Señor no le faltemos nosotras, amén.
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