Capítulo 21
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
Que dice lo mucho que importa comenzar con gran determinación a tener oración y no hacer caso de los inconvenientes que el demonio pone
Tramo 2 de 6
3. Esto así lo digo yo, hermanas; y ¡cómo si basta! Siempre es gran bien fundar vuestra oración sobre oraciones dichas de tal boca como la del Señor. En esto tiene razón, que si no estuviese ya nuestra flaqueza tan flaca y nuestra devoción tan tibia, no eran menester otros conciertos de oraciones, ni eran menester otros libros. Y así, me ha parecido ahora (pues, como digo, hablo con almas que no pueden recogerse en otros misterios -que les parece es menester artificio y hay algunos ingenios tan ingeniosos que nada les contenta-) iré fundando por aquí unos principios y medios y fines de oración, aunque en cosas subidas no me detendré; y no os podrán quitar libros, que si sois estudiosas, y teniendo humildad, no habéis menester otra cosa.
4. Siempre yo he sido aficionada y me han recogido más las palabras de los Evangelios que libros muy concertados; en especial, si no era el autor muy aprobado, no los había gana de leer. Allegada, pues, a este Maestro de la Sabiduría, quizá me enseñará alguna consideración que os contente. No digo que diré declaración de estas oraciones divinas -que no me atrevería y hartas hay escritas; y que no las hubiera sería disparate-, sino consideración sobre las palabras del Paternóster. Porque algunas veces con muchos libros parece se nos pierde la devoción en lo que tanto nos va a tenerla; que está claro que el mismo maestro cuando enseña una cosa toma amor con el discípulo y gusta de que le contente lo que le enseña y le ayuda mucho a que lo deprenda, y así hará este Maestro celestial con nosotras.
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