Capítulo 28
Camino de perfección · Santa Teresa de Jesús
En que declara qué es oración de recogimiento y pónense algunos medios para acostumbrarse a ella
Tramo 4 de 7
7. Y aunque al principio no se entienda esto -por no ser tanto, que hay más y menos en este recogimiento-, si se acostumbra (aunque al principio dé trabajo, porque el cuerpo torna de su derecho, sin entender que él mismo se corta la cabeza en no darse por vencido), si se usa algunos días y nos hacemos esta fuerza, se verá claro la ganancia, y entenderán -en comenzando a rezar- que se vienen las abejas a la colmena y se entran en ella para labrar la miel, y esto sin cuidado nuestro; porque ha querido el Señor que, por el tiempo que le han tenido, se haya merecido estar el alma y voluntad con este señorío, que, en haciendo una seña no más de que se quiere recoger, la obedezcan los sentidos y se recojan a ella. Y aunque después tornen a salir, es gran cosa haberse ya rendido, porque salen como cautivos y sujetos y no hacen el mal que antes pudieran hacer; y en tornando a llamar la voluntad, vienen con más presteza, hasta que a muchas entradas de éstas quiere el Señor se queden ya del todo en contemplación perfecta.
8. Entiéndase mucho esto que queda dicho, porque, aunque parece oscuro, se entenderá a quien quisiere obrarlo. Así que caminan por mar; y pues tanto nos va no ir tan despacio, hablemos un poco de cómo nos acostumbraremos a tan buen modo de proceder. Están más seguros de muchas ocasiones; se pega más presto el fuego del amor divino, porque, con poquito que soplen con el entendimiento, como están cerca del mismo fuego, con una centellica que le toque se abrasará todo. Como no hay embarazo de lo exterior -se está sola el alma con su Dios-, hay gran aparejo para encenderse.
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