Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 3

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La enfermedad y la sonrisa de María

Tramo 6 de 13

Letra pequeñaMedianaGrande

¡Llegó al fin el 2 de octubre, día de lágrimas y bendiciones, en el cual tomó Jesús la primera de sus flores, flor regalada, que había de ser pocos años después Madre de sus hermanas! En tanto que mi queridísimo padre, en compañía de mi tío y de María subía la montaña del Carmelo para ofrecer su primer sacrificio, mi tía me llevó a misa con Leonia y Celina. Llorábamos de tal manera, que la gente nos miraba con extrañeza, pero esto no impidió manifestar mi dolor. Me parecía imposible que el sol pudiera continuar luciendo sobre la tierra.

Quizá encuentre Vuestra Reverencia, Madrecita mía, que exagero un tanto mi pena. Comprendo que aquella ausencia no hubiera debido afligirme hasta tal extremo, pero debo confesar que distaba mucho mi alma de haber alcanzado su madurez, y había de salvar todavía muchos escollos antes de gustar los deliciosos frutos del total abandono y del perfecto amor.

La tarde de aquel mismo día 2 de octubre de 1882, vi a mi querida Paulina convertida ya en Sor Inés de Jesús, tras las rejas del Carmen. ¡Cuánto sufrí en aquel locutorio! Ya que escribo la historia de mi alma, paréceme que debo declararlo todo. Pues bien, confieso que no fueron nada los primeros sufrimientos de la separación comparados con los que siguieron. Yo que estaba acostumbrada a conversar tan íntimamente con mi madrecita, a duras penas conseguía verla a solas dos o tres minutos al finalizar en el locutorio la visita de familia.? Excuso decir que los pasaba derramando lágrimas y me iba con el corazón destrozado.

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