Capítulo 4
Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús
Primera comunión y confirmación
Tramo 13 de 21
Elegí por aquel tiempo como amigas a dos niñas de mi edad; pero ¡ah, qué pequeño es el corazón de las criaturas! Una de ellas tuvo que volver a su casa por algunos meses; acordéme mucho de ella durante su ausencia, y demostré gran alegría al volver a verla. Mas, ¡ay!, sólo obtuve de ella una mirada indiferente; no era correspondida mi amistad. Lo sentí con toda mi alma; mas desde entonces dejé de mendigar cariño tan inconstante. Con todo, Dios me ha dotado de un corazón tan fiel, que cuando ha amado, sigue amando constantemente; por eso continuó encomendando a Dios a aquella compañera; por eso la quiero todavía. Al ver que muchas alumnas se aficionaban particularmente a una maestra, quise imitarlas, mas no pude conseguirlo. ¡Oh feliz impotencia! ¡De cuántos males me has librado! ¡Cuánto agradezco al Señor que sólo me haya hecho encontrar amarguras en las amistades de la tierra! Con un corazón como el mío, me hubiera dejado cautivar y cortar las alas; y entonces, ¿cómo hubiera podido “volar y descansar”. Imposible es que pueda unirse estrechamente con Dios el corazón entregado al cariño humano. ¡He visto tantas almas seducidas por esa falsa luz precipitarse en ella como incautas mariposas, quemarse las alas y tornar luego heridas a Jesús, fuego divino que abrasa sin consumir!
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