Santos Apóstoles · Kindle

Capítulo 10

Historia de un alma · Santa Teresita del Niño Jesús

La caridad fraterna

Tramo 11 de 31

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A veces es verdaderamente maravilloso comprobar el cambio que se opera en ellas de un día para otro. Así vienen a decirme: Tenía razón ayer al tratarme con severidad; al principio me sublevé en mi interior, pero repasándolo todo después, vi que estaba V.C., muy en lo justo. Al salir de su celda, pensé qué había concluido con V. C., y me decía a mí misma: Voy a decirle a nuestra Madre que no volveré a Sor Teresita del Niño Jesús, pero comprendí que el demonio era quien me inspiraba esta idea. Parecióme luego que V. C., rogaba por mí; entonces me tranquilicé, y empezó la luz a brillar en mi espíritu, ahora vengo para que V. C., lo ilumine del todo.

Y ya, contentísima de poder seguir el impulso natural de mi corazón, ofrezco al punto manjares menos amargos, sí; mas... advierto que es menester no adelantarme demasiado... Una palabrita podría destruir el hermoso edificio construido con lágrimas. Si tengo la desgracia de decir la menor cosa que parezca atenuar las verdades de la víspera, intenta mi hermanita agarrarse otra vez de las ramas... En este caso recurro a la oración, vuelvo los ojos de mi alma a la Virgen María, y Jesús sale siempre triunfante. ¡Ah!, la oración y el sacrificio constituyen toda mi fuerza, son mis armas invencibles; conmueven los corazones mucho más que las palabras; lo sé por experiencia.

Durante la Cuaresma de hace dos años, vino a verme una novicia radiante de alegría y me dijo: ¡Si supiera V. C., lo que he soñado esta noche! Hallábame con mi hermana, que es muy mundana, y quería despertarla de todas las vanidades del mundo; para lograrlo, le explicaba estas palabras del cántico de V. C.: Vivir de amor:

—Amarte, buen Jesús, fecunda pérdida:

Para ti mis perfumes y mis gracias.

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